¿No crees en Santa Claus? ¡Te falta fe!

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¿No crees en Santa Claus? ¡Te falta fe!

Mensaje  Juan Etazra el Lun Nov 22, 2010 5:01 am


Vamos a imaginar Pepe, de 20 años de edad, que confiesa seguir creyendo en Santa Claus, sorprendido por la voluntaria confesión le haces esta pregunta: “¿Por qué sigues creyendo en Santa?” Y él contesta: “Porque me hace sentir feliz”. Hasta este punto podemos terminar la discusión y simplemente respetar la decisión de Pepe de seguir creyendo en Santa, por muy descabellado que nos parezca. Pero vamos a suponer que Pepe nos devuelve la pregunta: “¿A poco tú no crees en Santa?” Seguramente esto te sorprendería mucho, o al menos te haría sentir algo incómodo. “No, yo no creo en Santa” responderías tú… y Pepe airado te diría “¿Cómo que no crees en Santa? ¡Te hace falta tener fe!”. En este punto es posible estés dispuesto a debatir con Pepe acerca de la existencia de Santa.



“Santa es solamente una historia para niños, para que se porten bien” Podría ser tu primer argumento, entonces Pepe te respondería: “La creencia es Santa es algo bueno, porque hace que los niños hagan cosas buenas”. ¿Cómo respondes a esto? ¿El que algo sea bueno, pero falso, es suficiente justificación para permitir que Pepe siga creyendo una mentira? ¿En este punto le darías la razón y lo dejarías ser, o intentarías usar un poco más de razón?



Suponiendo que decides seguir con la discusión, buscas un buen argumento en tu mente durante un par de segundos y dices: “Santa no existe, quienes traen los regalos y los ponen bajo el árbol son los papás de los niños”. Triunfante, con una sonrisa en tu rostro, pones las manos en la cintura y esperas su rendición… a lo que Pepe te contesta: “Los papás de los niños son un instrumento que usa Santa, ellos compran los regalos y los ponen bajo el árbol porque Santa les da órdenes telepáticas desde el polo norte”. Asombrado por la respuesta tan irracional y que evidentemente se acaba de sacar de la manga le preguntas entonces: “¿Y cómo explicas el hecho de que hay niños que son buenos y aún así no reciben el regalo que pidieron a Santa, o peor aún, que no recibieron nada?”.



Sin inmutarse Pepe te responde: “Esa es una prueba de Santa para probar la sinceridad de los niños, para ver si a pesar de que no reciben su regalo se siguen portando bien”. Tu contestas: “Pero eso es un poco cruel ¿no crees? Santa les está rompiendo sus ilusiones y tal vez hasta los haga dejar de creer en él”. La respuesta Pepe: “Entonces si dejan de creer es porque no eran verdaderos creyentes de Santa, además Santa es demasiado sabio para que puedas comprender su manera de pensar, el tiene un plan para los niños buenos”.



Cansado de escuchar tanta tontería le dices a Pepe: “Es ridículo creer en Santa, además no puedes demostrar que existe”. Y Pepe contesta: “TU no puedes demostrar que NO existe”. Para cambiar de estrategia tal vez quieras demostrar lo ridículo del concepto de Santa: “¿De verdad crees que Santa es un viejo con sobrepeso y barba larga vestido de Rojo que vuela en un trineo jalado por renos como se muestra en los libros y en la televisión?” Pepe contestaría: “Por supuesto que no, esa es una mala interpretación de lo que verdaderamente es Santa, es un concepto que ya no tiene validez en nuestros tiempos, Santa es algo más etéreo y espiritual”. Finalmente tiras la toalla y le dices: “Pues sigue creyendo en Santa todo lo que quieras, pero yo no puedo creer en ese cuento”. Enojado Pepe te contesta: “Lo que pasa es que no quieres creer en Santa porque no quieres que te anote en su lista de mal portados, porque de seguro te gusta portarte mal, y adivina que… Santa no te va a traer nada en navidad”.



Desde tu punto de vista y a pesar de lo ridículo de la creencia de Pepe, seguramente llegarás a la conclusión de que tiene derecho a creer lo que le dé la gana, y la verdad recibirías el apoyo de la gran mayoría de la gente, incluyéndome a mí, pero dime una cosa…



¿Qué harías tú si Pepe insiste en hacerte creer en Santa Claus? Si fuera a molestarte a tu casa para hacerte escuchar su interminable cacareo sobre lo maravilloso de su creencia… o que cada vez que te vea te diga que le pide a Santa que algún día vuelvas a creer en él… que te tire indirectas sobre tu falta de fe y tu propensión a portarte mal… ¿Sería molesto? ¿Verdad que sí?

Este escenario ya por si solo es muy malo ¿Pero qué pensarías tú si Pepe juntara a todos sus amigos que también creen en Santa Claus y lincharan a un creyente de los Reyes Magos? ¿Dejarías de pensar que su creencia es inofensiva? ¿No intentarías detenerlo?

Y si Pepe se convirtiera en un político poderoso e impusiera una ley que obligue a la gente a creer en Santa ¿Te gustaría? ¿No querrías hacer algo para evitarlo?

Si el imaginarte esta situación tan ridícula pueda llegar a ser cierta te causa algo de molestia o indignación, entonces ya tienes una mejor idea del tipo de pensamientos que tiene a diario un ateo o agnóstico que ve regularmente las noticias. Y la próxima vez que pienses en decirle a un ateo que rezaras por él lo pensarás un poco más y respetarás su manera de pensar.


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